Crítica: Final Fantasy VIII

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Menos mal que he podido encontrar éste twit entre toda la morralla de Twitter (lo digo en el buen sentido) y colocarlo aquí. Creo que para empezar esta review, una que va a ser mayoritariamente sentimental, subjetiva y sobre todo personal, es buena idea dejaros claro cuáles son mis Final Fantasy preferidos, o cómo los catalogaría en un “top 5”. Sé que a muchos les sorprenderá ver el XII por encima de otros títulos como el VI, pero repito: ésto es una opinión meramente mía, y más que analizar ésta obra, voy a explicar qué me gusta y qué no me gusta.

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Mucha gente dice que el primer Final Fantasy siempre es el preferido, y tiene una razón de ser, porque por lo general, es el que nos crea nexos con la franquicia y el que más especial nos resulta por la innovación en nuestras vidas. No miento cuando digo que Final Fantasy X es de lejos mi obra escrita, y en ésto entra cualquier otro medio de comunicación, preferida, muy seguido del IX.

Podréis ver que el VIII se encuentra en tercera posición en mi top. ¿Qué es Final Fantasy VIII para mí, en ése caso? ¿Uno de mis videojuegos preferidos? ¿Un descubrimiento por todo lo alto? ¿Cuánto impactó en mi vida, en mi manera de percibir el arte? Tengo que deciros que mucho.

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A día de hoy, Final Fantasy VIII es una de mis historias preferidas. A pesar de ciertos momentos pedorros (por lo menos para mí; y me meto de lleno con lo poco negativo que veo en este título para poder extenderme en todo lo demás) como el del tren o cierta misión con Laguna y sus compañeros cerca del principio, éste videojuego era todo un avanzado técnico para su época, o por lo menos así lo percibo yo. Tened en cuenta que nací en 1998 y que mi primer Final Fantasy se halló hace seis años, con Final Fantasy X, y que a posteriori me he pasado todos los demás.

Mientras que en Final Fantasy VI teníamos una estética medieval, Final Fantasy VII apostaba por una mezcla del mismo estilo junto con el cyber punk, y más tarde, nos topamos de lleno con el futuro de aquella época. Final Fantasy VIII era un avanzado y elaborado guión como tantas otras películas de la ciencia ficción (Blade Runner, Alien, Matrix, …) que más allá de hablarnos a través de su atractivo perfilado y emperifollado, lo hacía a través de sus personajes, a través de momentos muy concretos y de subtramas que creaban no una historia caótica y cruel como la de Final Fantasy VII, sino una más sutil y discreta.

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Resumir Final Fantasy VIII como una historia romántica sería una falta de respeto por mi parte. A pesar de que el amor en éste título en particular adapta una forma mucho más melosa, al igual que en Final Fantasy X, no es el único en el que se utiliza éste elemento como trama. De hecho, la mayor parte de Final Fantasy nos introduce protagonistas o personajes secundarios cuya motivación o chispa es el amor. Aquí, éste es mostrado de forma mucho más directa y reiterada, pero no es más que un pequeño engranaje en algo mucho mayor.

Ante todo, Final Fantasy VIII es una crítica bélica, un videojuego que nos recuerda que la juventud también forma parte, en muchas ocasiones, de la guerra, y que nadie está a salvo de ella. Dentro de éste rotundo guión, encontramos una serie de personajes que nos cuentan sus motivaciones y sus problemas, y poco a poco los conocemos. Tenemos a Squall, un chico extremadamente cerrado y apartado del resto, como protagonista. Nuestro Squall mantiene una rivalidad férrea con Seifer, otro estudiante que intenta dejar en evidencia a Squall. Aparte de ellos, nos son presentados personajes a quienes querer como Rinoa, Selphie y Zell, o directamente figuras interesantes e increíblemente profundas como Laguna.

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Si Final Fantasy VIII me gusta tanto, es sin lugar a dudas por éste personaje. [SPOILERS] Pocas historias me han transmitido tanto como la de éste personaje. Su desarrollo y su personalidad muy bien exprimida me parecen de lo más fascinante que he visto en obra alguna, y su arco argumental es digno de alabanza. Tenemos a un soldado del ejército que conoce a una hermosa mujer, Julia, que toca el piano. Un sentimiento fuerte parece crecer entre los dos, pero Laguna debe partir a una misión y su amor nunca se consuma. Antes de irse, promete a Julia que volverá. Éste amor frustrado se vería más adelante reemplazado de forma simbólica por Rinoa, hija de Julia, y Squall, hijo de Laguna.

[SPOILERS] Tiempo más tarde, Laguna conoce a Raine, a quien propone matrimonio; sin embargo, su hija adoptiva es secuestrada y Laguna, junto con sus mejores amigos, parte para rescatarla prometiendo a Raine que volverá. Sin embargo, no vuelven a verse, y Raine concibe a Squall en su ausencia. Para Laguna, la historia se repite. Sólo es cerca del final del juego que un Laguna mucho más maduro y crecido como persona se atreve a visitar la tumba de su amada Raine, junto a sus mejores amigos y a su hija adoptiva. Toda esta trama y el desarrollo de la misma me hizo llorar en ésta explosión sentimental con una maravillosa canción, “Eyes On Me”, y una hermosa secuencia que jamás olvidaría y que de volver a ver me haría llorar miles de veces.

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Final Fantasy VIII es una obra de constante pequeñas obras maestras, tal y como el VII, el IX y el X lo son para mí. Laguna es de mis personajes preferidos de todos los tiempos, y la gran mayoría del resto del elenco me ha transmitido cosas que pocos videojuegos han logrado. A pesar de que en contadas ocasiones, la historia puede llegar a ser realmente dura, al final te queda un sabor de boca de verdadero disfrute y finaliza de la manera más melancólica y feliz posible.

Además, a nivel gráfico (para su época), Final Fantasy VIII me gusta mucho. También tengo que decir que su sistema de combate me encanta y no entiendo por qué es tan odiado. Extraer magias y tener enemigos igual de fuertes que yo, sin tener que aburrirme a pulsar simplemente botones, hace que todo sea más dinámico y que yo me sienta más involucrado en el título. No es mi sistema de juego preferido tampoco, todo sea dicho, pero es uno que me apasiona y que no cambiaría por nada.

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No quiero extenderme mucho en todo lo que podría decir sobre éste videojuego porque podría pasar horas y horas escribiendo, y creo que me he explicado más o menos. La historia de Final Fantasy VIII, tanto su parte romántica como cizañera, me parece de las mejores escritas que he conocido jamás, porque sabe ser directa en ocasiones y en la mayor parte del juego es más sutil y melosa, y tienes que leer entre líneas para entender muchas cosas.

Muchas personas me han preguntado si deseo un remake de ésta obra. Como con Final Fantasy VII e inclusive IX, diré lo que he dicho hasta el cansancio: que hagan un remake me da moderadamente igual, siempre y cuando no sea un insulto a su obra original. Yo sé que siempre tengo la obra original a mano si quiero jugarla, y temo que revivir una experiencia con gráficos realistas no provocará las mismas (o mejores) sensaciones que provocó ésta en su momento, y ésto sucede con cada videojuego que he pasado y que me ha apasionado. Puede recordarme y provocar parte de nostalgia, pero supongo que no tanta como lo haría coger ahora mismo el mando, encender la consola y ponerme con el videojuego original. De hecho, ¿a qué estoy esperando?


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