Crítica: Anohana – The Flower We Saw That Day

Anda que menudo título.

Perdonad, a veces me gusta empezar mis reviews de forma detestable para descargar un poco la tensión al empezar a escribir. Cuando me intereso por una obra y la veo, suelo hacer lo posible por meterme de lleno, y no siempre funciona. Mirad el ejemplo de “Angel Beats!”: hice lo posible porque me apasionara y, a pesar de que me ha gustado mucho, no me ha transmitido lo suficiente como para sentir vacío al final, cuando una semana más tarde sigo sin recomponerme de “Toradora!”.

Eso, claro está, ya son gustos y preferencias. Pueden ser mejores o peores productos, pero lo que en el fondo cuenta es que a uno le gusten. Y hoy vengo a hablaros de “Anohana: The Flower…” Bueno, de “Anohana”: una obra que tenía ganas de ver desde que terminé de ver “Toradora!”. ¿Y por qué, os preguntaréis? Pues porque me dijo un pajarito que el mismo señor que había hecho éste mi tercer anime preferido también había dirigido “Anohana”, y enseguida me interesé por el proyecto.

Si tengo que definir “Anohana” en pocas palabras para ahorraros el aburrimiento de leer mis pedantes líneas, diré que me parece un anime bastante sólido, bueno y con un buen fondo que, a pesar de que está desaprovechado como muchos otros, para mí ha tenido ciertos puntos de brillantez que le han subido la nota que normalmente le habría dado de no haberme calado.

No hablo de la obra en general: “Anohana” me ha gustado bastante, pero no me ha emocionado, o no me ha hecho derramar lágrimas. Me ha sorprendido en ciertos puntos y me he dejado llevar por lo bueno que le he visto, pero no entremos todavía en esos detalles puesto que primero quiero contaros lo malo que le veo.

Empecemos.

“Anohana” es un anime previsible desde el primer momento: una historia de un grupo de jóvenes que pierden a una amiga y cuyo espíritu se le aparece a uno de ellos, nuestro protagonista Jintan, puesto que no ha conseguido reposar. [Spoilers] Desde el minuto 1, sabes que ésta chica, Menma, va a desaparecer al final del anime: te hueles perfectamente la escena super melosa del adiós, y en efecto es lo que pasa. Un final muy romántico y bonito, pero demasiado lineal como para sentirlo como una obra rotunda en la que estos personajes han aprendido algo realmente.

Los personajes son arquetípicos todos… O casi todos, pero de esto hablaré cuando me meta con lo que me gusta, si es que dejo de quejarme. En ningún momento me he sentido identificado con Jintan, con Menma o casi todos sus amigos por el mero hecho de que sus personalidades no se desarrollan en ningún momento. Es cierto que es un anime de once episodios y que tampoco da para mucho, pero con la trama que me cuentan, debería ser suficiente para que sus formas de ser, frente a un hecho paranormal como lo es la aparición del fantasma de Menma, cambien por lo menos una pizca.

Así como los personajes, la trama en sí misma es toda una línea recta y de principio a fin sólo hay un final posible, una moral posible. Hay incoherencias en algunas partes y escenas forzadas para ser simplemente emocionales y ponerte esa pedazo de música de la que por cierto presume el anime con todo derecho, pero no me extenderé demasiado en daros muchos ejemplos: creo que si lo veis, entenderéis de qué os hablo. Además, “Anohana” cuenta con varios recursos muy pobres de la animación que he visto en otros animes, como pueden serlo los veinte litros de lágrimas que cubren toda la cara del personaje o las mismas que se derraman en el suelo para señalar que están jodidos y que las cosas no están para nada bien.

Espera, ¿he dicho que están jodidos?

Sí, lo están, y si algo me gustaba en “Toradora!”, aquí lo he vuelto a encontrar. Creo que es por esto que me he dado cuenta de que ha sido el mismo hombre quien ha hecho ambas obras. Más allá de los recursos de dibujo y animación pobres para expresar una emoción en la pantalla, “Anohana” sabe crear escenas y contextos en los que fastidia a su personaje y lo pone al borde de su paciencia. Puede tener mayor o menor sentido, pero con o sin él, esa sensación de dolor y de estar jodido se transmite correctamente y se consigue cierta identificación del espectador con estos personajes. Resumiendo, no se trata del carácter de éstos a la hora de ser ellos mismos, sino a la hora de darse cuenta de que tienen problemas que todos podríamos tener.

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El único personaje que realmente me ha parecido natural en todo momento es el de Naruko, una chica que me gustó desde el primer momento en que la vi. No por su estética cuqui que a mí particularmente me gusta, sino por su trasfondo, por su forma de ser y su forma de lidiar con la situación. Se te da un carácter y ella lo lleva a buen raudo en casi todo momento. Hay algún que otro punto de la historia forzado, pero ella respira como una persona normal (siguiendo, de nuevo, el protocolo de su carácter) y es de hecho la que más jodida se muestra, por lo menos bajo mi percepción.

En paralelo, el tema de la madre de Jintan también me ha parecido un gran acierto: no por el hecho en sí, sino por la conexión que tiene con Menma. Puede ser más o menos meloso, pero es algo a lo que realmente no te esperas. No lo definiría como un “plot twist” para nada; de hecho, puede llegar a pasar sin pena ni gloria si no estás llorando en ese punto del anime, pero la forma en que utilizan a la madre para recordarte que el pobre Jintan no sólo ha perdido a su amiga de la infancia, sino también a su madre, es espectacular: introducen flashbacks de vez en cuando e incluso un pequeño altar dedicado a la pobre mujer en la casa a través del cual varios personajes hablan.

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Llevo escribiendo diez minutos y ya llevo 1029 palabras (aquí mismo). No entiendo a la gente a la que le da miedo que le digan “tenéis que hacer un trabajo de [4000] palabras en dos años” (un proyecto que tengo yo precisamente estos dos que siguen). Escribir me es muy fácil, en especial cuando tengo las ideas tan claras, y me dejo simplemente llevar. Luego seguramente encontraré horrores ortográficos y gramaticales, pero la estructura me sale más o menos de mente y me siento satisfecho con lo que escribo.

¿Y por qué os cuento todo ésto? No tengo ni la menor idea. A veces también me gusta meter este tipo de comentarios en mis textos. En cualquier caso, si os gusta el anime, os aconsejaría “Anohana” como mínimo para que os alegre (o deprima) un poco el día. No tiene pérdida ninguna, es un anime cuanto menos digno y entretenido, y para mí ha sido uno directamente bueno. Un bonito recuerdo que me llevaré será Naruko y todo lo que ha sido capaz de transmitirme a lo largo de estos once episodios… aunque, repito, jamás al nivel de “Toradora!”.


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