Crítica: Akira

Amo Akira.

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Y no es por lo conocida que es, o por el éxito en taquilla que tuvo. Empezar una película con una terrible explosión que enlaza con la Tercera Guerra Mundial y un post-mundo crudo que se desarrolla a lo largo de 124 minutos es glorificarse y hacerse un nombre propio en la industria del cine. ¿Cuántas obras brutales conocéis? Fácilmente, puedo pensar en “Reservoir Dogs” si busco introducciones bestiales: en éste primer film de Tarantino, ¡los personajes están hablando de penes! ¿Puede haber algo más arriesgado?

Es un claro anuncio de que va a haber acción, de que va a haber drama y de que no nos vamos a arrepentir de haber pagado la entrada al cine – aunque con lo lejanos que quedan los estrenos de ambos films, como mucho perdemos dos horas viendo alguno.

Para entender Akira al completo, con todos sus detalles y matices, lo más probable es que tengas que ver la película dos veces como mínimo, y también tienes que hacerte a la idea de que esta película no ha sido estrenada en el mundo políticamente correcto en el que vivimos hoy día, sino en el 1988. Estoy seguro de que habéis escuchado miles de veces el cliché de que el dibujo y la animación son para críos, y sé que amantes del cine recorriendo mis líneas pensarán en un sinfín de cintas brutales que desmienten por completo esta burda teoría.

Akira, en 1988, demostró que no hace falta tener a verdaderos actores delante de una cámara para empatizar con un personaje o para sentirte jodidamente mal con una historia. Nos es presentado un entorno dramático y oscuro en esta película, y a pesar de que no llega al gore porque no lo necesita, “Akira” sabe revolver el estómago del espectador con escenas crudas, con angustia, sea con un tiroteo o con un intento de violación.

Se trata de una obra a analizar con lupa y enteramente digna de estudiar en clase: no sólo reinventa un género, sino una manera de contar una historia. Diréis “ten en cuenta que Akira exagera en ocasiones con su complejidad y puede volverse confusa”. Vale, es enteramente cierto… y es uno de los escasos defectos del film: algún tropiezo narrativo que, a pesar de no ser erróneo, puede estar demasiado alargado o estar mal explicado.

En un mundo cyberpunk y futurista como lo es Neo-Tokyo, la violencia prima y la película lo demuestra con una brutal persecución en moto justo al comenzar el film. Descubrimos un guión muy elaborado en el que no nos están hablando únicamente de la guerra de forma superficial, sino de temas que giran perfectamente alrededor y que tienen un sentido de ser: el abuso de poder sobrenatural y político (la bomba atómica o todo el desarrollo de Tetsuo con sus habilidades), la conspiración (científicos con su proyecto “Akira”), e inclusive el amor (a pesar de que quede en segundo plano).

Mezclar todas estas ideas y crear algo al nivel de “Akira” no es para nada fácil: con lo crudo que es el mundo, la relación de amistad entre Tetsuo y el protagonista más directo, Kaneda, se rompe y un deseo de venganza por parte de Tetsuo nace. Ahí tenemos una nueva intriga que genera ansiedad, porque en todo momento, la pantalla nos hace empatizar con éstos personajes, con sus dramas y con sus sufrimientos, y nos hace sentirnos mal por lo que está sucediendo. ¡Joder, si hasta el Coronel es un pedazo de personaje!

Cada frase deja caer un peso importante en la historia y el film te capta lo suficiente como para que no quieras despegar la mirada o el oído. El verdadero significado del título de ésta obra se descubre únicamente cerca del final de la misma, y en todo momento se habla de él: se deja caer que es lo más importante y que todo gira entorno a ello. En un momento de brillantez, a Katsuhiro Otomo, director de “Akira”, le salió un film casi redondo, sorprendente, fascinante y brutal.

Criticar problemas del mundo actual (porque sí, muchos temas expuestos en la cinta dan todavía de qué hablar) a través de la ficción (sea medieval o científica) es algo común, pero hay que pensar que ésto no es un film hecho hace dos años, sino hace ya treinta… y que juntarlo de forma tan coherente no es fácil. No he leído el manga, pero he visto que pocos no son, y condensarlo todo de forma que mantenga un ritmo constante y llevadero (salvo en un tramo en particular) es prodigio de muy pocos.

Poner “Akira” por encima de excelsos films como “Perfect Blue”, “Kenshin: Recuerdos”, “Ghost in the Shell”o muchas (no todas) obras de Estudio Ghibli no es fácil para un apasionado de la animación (en especial la japonesa) como yo, pero debo reconocer que me parece superior por lo que supuso en su momento y por lo que todavía supone hoy día una utilización de la animación, de la narración y del audio tan medida.

Extenderme más para alabar cada simple detalle de “Akira” puede aburrir a algunos y prefiero dejar eso para las dudas que podáis introducir en los comentarios o por algún medio privado. “Akira” no es sólo una de mis películas preferidas de Japón de todos los tiempos y una auténtica reinvención de varios géneros, sino una inolvidable historia que nos hace preocuparnos por sus personajes, por su mundo e incluso por la moto roja de Kaneda.


2 respuestas a “Crítica: Akira

    1. Agradezco mucho tu comentario y, siendo una de mis películas preferidas (de la animación y en general), te lo recomiendo, con un cafelito y las gafas de ver de cerca, para degustarla al máximo.
      Un abrazo (:

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