Crítica: El Viaje de Chihiro

Soy un fiel fan de Ghibli: soy de los que defienden que todo su trabajo, en extenso, es brillante. Dudo que tengan un solo film por debajo de lo decente, de lo interesante y entretenido, y a partir de ahí, han sacado films buenos, brillantes, casi impecables y finalmente inmejorables. Si me tengo que quedar con tres obras de Miyazaki como películas de 10, sin lugar a dudas, escojo (en éste orden) Totoro, Mononoke y, en cabeza, Chihiro.

Por supuesto, entre tres obras maestras impecables, pueden haber pequeñas diferencias que hagan a una u otra mejor para cada uno; para mí, sin lugar a dudas, es Chihiro. Su complejidad argumental, a pesar de que algunos discreparán por motivos diversos pero insensatos, es de envidiar; a través de metáforas visuales, Miyazaki es capaz de plasmar distintos estados mentales, distintas características humanas, distintas emociones.

Vayamos paso por paso: ¿qué sacaría de positivo de Chihiro? Todo: su dirección, su banda sonora (escogida en los momentos más idóneos por el mayor fan de la música ambiental), su precioso dibujo, su mundo repleto de locuras creativas del señor Miyazaki y, finalmente, una historia que hiela la sangre; que demuestra a quienes alegan que el cine de animación es para niños cuán equivocados están.Chihiro es una niña atrapada en un mundo en el que tiene que salvar a sus padres transformados en cerdos; resumir una obra de arte en palabras tan cortas e inferiores sería escupir de forma directa y en línea recta al que puede ser fácilmente uno de los mejores (sino el mejor) films de animación jamás creados, ya sea en Japón o en todo el mundo. Si vamos a hablar (no en detalle) de Chihiro, vamos a hacerlo mencionando palabras mayores: anhelo (Chihiro), ego (Yubaba), capricho (bebé), … Todos y cada uno de los personajes del film tiene un rol en particular; uno que cumple con fervor, de forma rotunda y sin ningún tipo de laguna. En todo momento, cada personaje de Chihiro se siente (y es) relevante; y no sólo eso, sino que además se desarrollan y respiran como personas normales, como soportes emocionales en los que uno se puede apoyar para sentir el “Viaje de Chihiro”.

El viaje se siente en todo momento, de A a Z; un esquema de distintos lugares y niveles que Chihiro recorre, aprendiendo de cada uno de sus pasos hasta que al final se hace al mundo y a su misión. Haku es un motivo más que suficiente para que siga adelante, y funciona en todo momento con coherencia, hasta que el film desenlaza en un bellísimo y emocional final que, no sé a vosotros, pero que a mí me hizo llorar.

Mencionar las maravillas que hace Chihiro en detalle sería interesante, pero quiero escribir una crítica y no un análisis per se; eso lo más probable lo dejaré para un artículo en mi blog personal si hay suficientes demandas.

Creo que el concepto, mi posición (irrefutable) frente a Chihiro ha quedado bien clara. Miyazaki es sin dudas uno de los hombres más brillantes que ha dado este mundo (en el cine de animación); sabe lo que hace en todo momento y desde muy joven, y poco a poco, ha ido desarrollando su imaginación hasta convertirse en el que hoy conocemos como “padre del anime”. Un título muy merecido; un fuerte aplauso para Hayao Miyazaki, y yo, me quito el sombrero con las mejillas húmedas y los ojos llorosos

SPOILERS a partir de aquí:

Una pequeña sorpresa para los que quieren quedarse un poco más leyendo mis divagaciones. Sé que algunos (yo mismo) preferirían que comente en detalle las escenas más brillantes de la película, o los conceptos más profundos que desvelarían ciertas partes argumentales de la trama y, por ende, ciertas sorpresas. Pues bien, no voy a hacerlo por los motivos contados arriba, pero sí que voy a enumerar (por encima) algunas:

– La escena en la que Chihiro (cerca del principio de la película) empieza a desaparecer casi me saca del asiento. Me hizo inquietarme con locura acerca del porvenir del personaje; en todo momento, barajé la posibilidad de que ella o Haku terminaran así. Por suerte, Miyazaki demostró que no es necesario ir a lo fácil para hacerte llorar.
– El robo del nombre de Chihiro por la bruja, y su influencia en la vida de Chihiro. El momento que más me aturdió fue en el que va a ver a sus padres (cerdos) y les dice que es “Sen”; justo después, le es recordado a Chihiro que su verdadero nombre es Chihiro, para que no lo olvide.
– La escena de la bañera. Bueno, no hay mucho que decir.
– La herida de Haku y su vuelo desesperado. Todo ese trance (hasta que es sanado) me tuvo nerviosísimo.
– La purificación del alma que Chihiro dejó entrar anteriormente.
– El final Chihiro – Haku y el final de Chihiro encontrando a sus padres, donde me eché a llorar como tonto.

Son sólo menciones (en su mayoría superficiales) repletas de todavía mayor simbolismo que el que ya he comentado arriba, pero podría tirarme horas y horas hablando de todo lo que representa cada minuto del film y cada personaje. En fin, creo que los que la han visto y comprendido me entenderán a mí.


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