Crítica: Ordalium

Hasta hace poco tiempo, me he considerado una persona poco fiel a los mangas por el simple hecho de que no he tenido mucha paciencia para coleccionarlos. Entiendo que detrás de su producción haya un coste inmenso y un trabajo importante, pues escribir una novela es menos lioso que dibujar una saga de doscientos mangas a mano, pero como consumidor me es más difícil comprar fielmente estos doscientos volúmenes a siete euros cada uno.

Intento remediarlo; os lo prometo. Tendréis análisis de manga más a menudo.

Lo que sí soy, empero, es un fiel amante del arte independiente y de las personas que se parten el lomo para sacar algo de provecho en sus vidas y en la sociedad. Por poneros un ejemplo, me veréis por la calle dejándole una moneda a un músico sin techo si la tengo encima. Tengo una debilidad por los artistas independientes, porque sé que a pesar de la falta de experiencia, le ponen tanto empeño y amor (por necesidad y gusto) que es difícil pensar que no mejorarán con el paso del tiempo y, ¿qué demonios? Si contribuyo a los artistas más remunerados del mundo comprándoles “Juego de Tronos” o “Saint Seiya”, ¿por qué no voy a emplear mi dinero en alguien que de verdad lo necesita?

Hoy, vengo a hablaros de “Ordalium”. Si podéis echarle el guante de una forma u otra, hacedlo, tanto por vosotros como por su dibujante.

Sabrina Kaufmann es el ejemplo perfecto de cómo sacar adelante un proyecto: esfuerzo, sudor y amor.

“Ordalium” no es una obra maestra, profunda y compleja, que necesite ser leída tres veces para captar la mitad de su verdadero mensaje. Como toda buena primera obra, “Ordalium” es directa, concisa y sencilla: tiene una idea, la desarrolla y la termina, y punto. Me parece un ejemplo perfecto para los demás de cómo empezar a dibujar o escribir sus propias historias: proponerse escribir el relato más original del mundo sólo desanimará a los más ambiciosos cuando no obtengan lo que desean. El secreto está en hacer las cosas sin prisa pero con buena letra.

Aquí, no encontraréis un thriller psicológico como “Perfect Blue”; no hallaréis el drama psicológico que ahoga en “Madoka Magica”; ni siquiera habrá un desarrollo romántico tan vasto como el de “Toradora!”. Sabrina Kaufmann parece tener una idea muy clara en su mente y sólo se preocupa por hacerla realidad: la explica a través de sus dibujos, en su gran mayoría de gran calidad; a través de su lenguaje cuidado y por lo general falto de… faltas. Su concepto del amor queda claro desde la primera página y logra que nos lo tomemos en serio, por mucho que podamos discrepar con su punto de vista. Es convincente y tajante, y no flojea en ningún momento.

Además, “Ordalium” hace un poco más de lo que se le puede pedir a alguien en su primera obra completa: intenta profundizar más de la cuenta, explora el pasado de ciertos personajes, trata de ser a veces cruel con ellos e incluso intenta darle la vuelta a la situación para sorprender al lector. La prueba del cariño con la que ha sido dibujada esta obra está en lo exagerados que pueden ser algunos momentos.

Por poner un ejemplo, el amor representado en “Ordalium” me recuerda mucho al que Disney ha representado siempre con sus películas. Cerca del final de la obra, hay una frase en particular que hace que me aferre a una idea:

Traducción: “Digamos que, al menos, sabe apreciar un buen cuento de hadas”.

“Ordalium” es un… cuento de hadas.

El final es lo que vuelve la narrativa del manga más sólida: de por sí, es interpretativo y puede llevarte a varias conclusiones. Por un lado, una de ellas no tendría ningún sentido y funcionaría más como una metáfora que como un argumento cohesivo, porque enlazaría con una temática sobre la que no se ha ahondado para nada en toda la obra. Sin embargo, aquí no importa, porque cuando terminas de leer, te sientes… raro.

Estás soñando el mismo sueño que debe haber soñado su dibujante, y estás dudando en cómo termina realmente la historia: si bien o mal. Es una elección que bien puede ser considerada confusa por muchos, y ambigua por la gran mayoría, pero creo que se debe entender los motivos de Sabrina Kaufmann para escoger un final tan… mágico.

Dar libertad al lector genera confianza y permite que te sientas más a gusto con quien te está contando algo. También da tiempo al artista para que se afiance más a un estilo o a otro con el paso de los años, y deja claro lo que es: un – primer – trabajo.

Tiradme piedras si queréis, porque tal vez no haya leído muchos mangas en mi vida, pero creo entender cómo funcionan y he sentido el viaje de éste en particular, del mismo modo que sentí el viaje de “Brave” en su momento a pesar de ser tan criticada por el público; y si me pongo a comparar dos ejemplos enteramente distintos en cuanto a narrativa y temática, afirmaría que “Ordalium” cuenta mil veces mejor lo que quiere contar de lo que lo hacía el anime de “Attack on Titan”: “Ordalium” sabe lo que es y está orgulloso de ello; “Attack on Titan” busca complicar lo que de por sí es simple y tiende a dejarse llevar por el espectáculo más que por su profundidad. Es un buen razonamiento, ¿no creéis?

En fin.

Si estáis buscando algo concreto, un estudio profundo del ser humano al nivel de los guiones de Christopher Nolan o un análisis existencial sobre qué es el amor, iros a leer otra cosa. Si, como yo, captáis la esencia de “Ordalium” y entendéis que se trata de la firma de una persona trabajadora y soñadora, entonces esta es vuestra obra.

Paz.


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